domingo, 15 de enero de 2017

DESEA SENTIRSE CRISTIANO O SERLO ?

Definitivamente ser cristiano es muy diferente a sentirse cristiano. Por lo que percibo, la mayoría de las personas, bien sean católicos, evangélicos o seguidores independientes, se sienten y se ven así mismos muy cristianos. Probablemente usted sea uno de ellos, cree en Dios y se siente identificado con lo que culturalmente le enseñaron de religión en su casa o colegio. Así mismo, es probable que asista con relativa frecuencia a misa o al servicio dominical donde se congrega, y hasta  lea o estudie la biblia eventualmente. Muy seguramente, en especial los católicos guardan los días de fiesta religiosos, se recogen en semana santa y por supuesto celebran la navidad. Todos estos eventos pueden hacerlo sentir bien consigo mismo, creerse muy espiritual y sobre todo sentirse muy cristiano.
Sin el ánimo de ofender y con la mejor intención, déjeme decirle que todo esto puede hacerle sentir muy cristiano y esa sea su realidad. Pero no la del Señor!
Entienda que no es lo mismo ser que parecer. La diferencia radica en la actitud con la que se vive el cristianismo.

Convivimos en un mundo de maldad, inmoral y corrupto, dominado por el adversario. Un mundo al que solo un buen soldado del ejército de Cristo puede enfrentar y derrotar, siempre y cuando esté debidamente preparado y entrenado. En otras palabras, alguien que esté lleno del Espíritu Santo. Seguramente haber recibido a Cristo como su Señor y salvador, y seguir aprendiendo de la Palabra, le hayan hecho cambiar positivamente algunos aspectos de su vida. Lo cual, no necesariamente significa que haya crecido tanto espiritualmente, como para valerse por sí mismo e identificarse como cristiano.

Pruébese y confróntese para saber que tan cristiano es?  Sométase a una pequeña batalla espiritual. Es muy fácil, simplemente revise y esté atento a lo que ocurre cuando el adversario le tire sus trampas las 24 horas del día, que por desgracia son muchas. Así por ejemplo, respóndase sinceramente que hizo o haría cuando se le presenten situaciones como estas: frente a la invitación sutil de cometer adulterio o fornicación, de ir a celebrar un evento en un lugar de mala reputación, de participar de un contrato donde hay repartición o soborno, de drogarse, de consumir licor, de lanzar improperios o palabras soeces por cualquier altercado, de darle una mordida o coima a la autoridad, de mentir, de no dominar la paciencia, de aprobar comportamientos indebidos de terceros, o de aceptar  actitudes inmorales frente a los demás por no confrontarlos, etc, etc., son todas ellas, pruebas puestas por el diablo.

Alguien que se identifique como un verdadero  cristiano, no solo pasaría TODAS estas pruebas y muchas otras, sino que estará evangelizando a todos los que le rodeen en su vida cotidiana, respecto de quien es el Cristo, a que vino, por y para que fue su sacrificio y que espera de cada uno de nosotros. Ahí está la diferencia entre sentirse o ser cristiano.

jueves, 15 de diciembre de 2016

SOMOS SERES HUMANOS O SOLO HUMANOS?

Por convocatoria del departamento de bienestar de una universidad para la cual trabajé, asistí hace algunos años a una reunión cuyo tema central fue en torno a nuestro papel de profesores, maestros o formadores, pero específicamente en una reflexión sobre el papel que debíamos asumir, frente al comportamiento de los estudiantes de la institución, y en especial los jóvenes de los 3 primeros semestres, que fue la base del estudio que el departamento universitario realizó. En ese universo, se determinó que las edades de estos estudiantes oscilaban entre los 16 y 18 años, consideradas edades muy difíciles para los muchachos, principalmente por las dificultades de convivencia familiar que experimentaban en sus casas. Argumento que  planteaba de alguna forma, la razón de diversos comportamientos y concretamente el uso de sustancias psicoactivas por parte de algunos de ellos. Naturalmente que era un tema que despertaba mucha inquietud y preocupación, pues además del rol de profesores, éramos ante todo padres y no quisiéramos ver un hijo, un familiar, un amigo y mucho menos uno de nuestros estudiantes, caer en la desgracia de la drogadicción.
La pregunta concreta era de qué manera podríamos ayudar, aconsejar o apoyar a estos muchachos(as) que por diversas circunstancias empiezan a utilizar este tipo de sustancias como un escape a la realidad social o familiar en la que viven?

Bien, más de la mitad de los profesores presentes manifestaron sus diversos puntos de vista, e incluso a propusieron una que otra solución. Pero lo más interesante sorprendente de ese debate, fue ver como la mayoría de las intervenciones estaban basadas en la conducta del ser humano y sentaron sus postulados sobre esta premisa. Situación que me llevó a intervenir para recordarles que esa denominación de Ser Humano,  es en realidad la suma de dos palabras de las que se debe hablar por separado. Usualmente, se habla de ser humano como lo que refleja o puede decirse de una persona a la que se le otorgan calificativos, cualidades o particularidades que siempre redundan en lo humano y pocas veces en el Ser.
Así que para dar respuesta a la inquietud formulada en torno a la problemática social que nos ocupaba, aclaré que para una mejor comprensión de nuestro entorno, deberíamos dejar de vivir exclusivamente circunscritos al universo material (lo humano) y darle cabida al mundo espiritual (el Ser), que por fortuna constituye una salida valida a las incontables problemáticas sociales, bien sean de carácter colectivo o individual.

Por miles de años, el hombre ha inventado reglas, estatutos, normas e innumerables leyes para vivir en comunidad, pero con la misma facilidad que las crea, las incumple y/o las viola de manera sistemática, auto justificándose en la debilidad de su naturaleza humana. Condición que difícilmente nos permitirá cambiar para ser mejores. De lo anterior, se infiere la necesidad de un referente espiritual en nuestras vidas, concretamente que Dios vuelva a ser la luz que muchos han dejado apagar en sus vidas, que sea el faro que ilumine nuestro trasegar por este paso terrenal, que sea el foco que nos permita auto-controlarnos, que nuestros pensamientos sean filtrados por la conciencia que es al final, la que nos permite establecer claramente la línea que delimita lo bueno de lo malo. Es decir, aprender a discernir.

De una manera sencilla, se define el discernimiento como la habilidad de poder decidir entre la verdad y el error, entre lo bueno y lo malo. El discernimiento es el proceso de hacer distinciones cuidadosas en nuestra mente sobre la verdad. Dicho en otras palabras, la habilidad de pensar con discernimiento es sinónimo a la habilidad de pensar bíblicamente.

martes, 15 de noviembre de 2016

SUPERMAN Y LA CRISTONITA

No piensen que me equivoqué o que haya un error de impresión en el texto. Creo que me acabo de inventar una nueva palabra, si señores la Cristonita. No es la misma piedra o mineral interplanetario verde y reluciente que proviene del planeta Criptón donde nació Supermán, que emite una radiación que lo priva de todos sus poderes y que incluso puede ser letal para nuestro valiente y querido superhéroe defensor del mal, no es Criptonita.

A diferencia de la Criptonita que debilita únicamente a nuestro personaje ficticio, la CRISTONITA llegó para fortalecernos. La Cristonita no es ficción, no viene de ningún planeta imaginario, sino que está aquí en la tierra, llegó hace más de 2000 años en cuerpo y alma y la trajo Jesucristo como una dádiva enviada por nuestro Padre a todos nosotros sus hijos. Así que no es un regalo personalizado o individualizado para unos cuantos elegidos al azar, ni por condiciones ligadas al lugar de nacimiento, raza, clase social o género. Tampoco se trata de una sustancia inmaterial o imaginaria como en los comics de Supermán. A diferencia de Clark Kent, que lucha contra la maldad de dos o tres enemigos que le quieren hacer daño, Cristo lucha contra la maldad del mundo, encarnada en toda forma de pecado a lo largo y ancho del planeta. La Cristonita tiene el poder de acabar el mal en todas sus formas manifiestas. Elimina la injusticia, acrecienta la misericordia, fortalece la bondad, pero sobre todo sana y restaura corazones. El efecto Cristonita se manifiesta en el respeto por sí mismo, por el amor al prójimo y por un deseo sincero de volver a la casa del Padre. 

Mientras la Criptonita exhibe su poder destructivo a través de una roca que debilita y eventualmente mata con su efecto radiactivo al personaje de las historietas, la Cristonita no pretende matar ni debilitar a nadie, sino por el contrario, restaurar la vida de aquellos que aunque vivos, están debilitados por sus cargas pecaminosas y muertos espiritualmente. Rescatarnos a ti y a mí de las garras del pecado es la verdadera misión del único superhéroe real en nuestras vidas. Jesús!.  Así que la próxima vez que alguien te quiera compartir la Palabra, darte un testimonio de vida y/o comunicarte una sana experiencia espiritual, no lo rechaces, sino más bien abre tu entendimiento, observa y escucha atentamente, son dosis de cristonita. Recuerda lo que dijo el profeta: “El que tenga oídos para oír, que oiga; el que tenga ojos para ver, que vea”.


domingo, 28 de febrero de 2016

MI LUZ Y LA DE LA LINTERNA

Vivimos en una especie de cuarto oscuro, en el que nos movemos supuestamente en libertad, pero que en la práctica es una gran prisión para el cuerpo y para el alma. Es tal la oscuridad, que no somos capaces de ver lo que ocurre allí, y nos limitamos a imitar comportamientos colectivos  y a divagar sin un rumbo claro.

Ha sido tan importante la luz para la humanidad, que la misma Biblia nos enseña sobre ella tan pronto empezamos a leerla en los primeros 3 renglones. Además de eso, allí podemos encontrar también en el versículo 3 del capítulo 1 del libro de Génesis que Dios dijo “sea la Luz” y fue la luz. Siendo esta la primera de sus creaciones. No le parece interesante y misterioso que haya sido primero la luz que todas las demás cosas de la creación? Lo invito a que investigue la razón.
Y si dieres tu pan al hambriento y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz y tu oscuridad será como el mediodía. (Isaías 58:10)

Todos sabemos que cuando andamos en penumbra no solo podemos extraviarnos y no llegar al destino previsto, sino que corremos el riesgo de caer, lesionarnos e incluso morir. Nos aterran las tinieblas y nos generan pánico. Dadas estas circunstancias, el hombre se dio a la tarea de generar una luz artificial que le permitiera superar esos ennegrecidos momentos. Muy probablemente observó las descargas eléctricas producidas por las tormentas, luego conoció el fuego que estas mismas generaban y así paulatinamente fue desarrollando elementos y utensilios que le permitieron “alumbrar” en la oscuridad. Se considera a Thomas Alva Edison como el inventor de la luz eléctrica, quien en 1878 construyó la primera lámpara incandescente con un filamento de bambú carbonizado. A partir de ese momento se han inventado muchas formas de lámparas, faros y linternas, hasta llegar a la tecnología de luminosidad que conocemos hoy.

A diferencia del alumbrado en casas, oficinas o diferentes espacios públicos o privados, quiero enfocarme explícitamente a la luz que proporciona una linterna, dada su versatilidad para portarla y llevarla a cualquier parte. Este sencillo instrumento se ha convertido en algo imprescindible y necesario, al punto que casi todos los celulares la incorporan como una aplicación muy útil.

Ahora bien, en su forma más básica este artefacto tiene tres (3) componentes fundamentales: Un estuche o carcasa en el que se ensamblan las demás partes. Un juego de pilas o baterías que le dan la energía, y un pequeño bombillo que finalmente es el que genera la luminosidad. De tal forma que para que la linterna encienda y cumpla con su objetivo, requerimos que todos sus componentes trabajen. De nada sirven las características, ni el precio o la forma de ella, si uno o más de sus tres elementos no funcionan. Incluso aun cuando funcione, esta alumbrará algunos espacios y caminos, pero no todos.

Por analogía podemos afirmar que: El estuche de la linterna es a nuestro cuerpo, como sus baterías, los son a la Palabra de Dios y el bombillo, lo es a Jesucristo nuestro Señor.
El Estuche está representado por nuestro cuerpo, alma y espíritu. 
La Palabra de Dios es la batería, la fuente inagotable de poder que necesitamos cargar en el corazón. Y 
El Bombillo es Jesucristo, quien ilumina nuestro andar. 
Comparado con la linterna, nuestra luz no solo alumbrará todos los espacios y caminos por donde andemos, sino que es la única luz que nos lleva por el camino verdadero.

Recuerda lo que se siente cuando en medio de una reunión, en la calle o bajo cualquier otra circunstancia similar, repentinamente hay un corte de energía y queda todo en tinieblas? Me puedo anticipar y decirle que lo invade una sensación indescriptible entre terror, impotencia, miedo, angustia, inseguridad e incertidumbre, o inclusive todas esas cosas juntas. No es verdad? Ahora recuerde lo que sucede cuando minutos después,  alguien alumbra el entorno con una pequeña linterna. Se siente más aliviado, más acompañado y más seguro. No es Cierto? Sabe por qué? Porque las tinieblas le huyen a la luz.

Bien, esa sensación de tranquilidad es la que va a empezar a sentir cuando entienda que el mundo está gobernado por fuerzas oscuras y por lo tanto, vivirá como en un largo apagón, con las mismas sensaciones que ya conoce. Permita que de una vez por todas y para siempre, la luz entre a iluminar su vida, la de su familia y la de todos los que ama. Cuando lo haga no volverá a sentir más temor y tampoco necesitará cargar más linternas, puesto que automáticamente andará con luz propia, de día y de noche donde quiera que vaya. Dios lo compensará por ello!
Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12)

Algunos encontramos el camino que nos lleva de vuelta a la casa del padre y hemos pacientemente aprendido a alumbrarlo para sí mismos y para otros. 
Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz. (Lucas 8:16).

En concordancia con este mandamiento, te exhorto a que tu también lo hagas. Busca una persona, hombre o mujer cristiano, que sea serio, honesto y ande comprometido con el evangelio, para que te enseñe o recomiende un grupo de estudio bíblico o una iglesia de sana doctrina donde puedas recibir instrucción y la guía necesaria para comenzar a conocer a Dios. No te resistas, lucha contra esa voz interior que te desanima y te llena de excusas para que no lo hagas. Esas son voces que salen de las tinieblas y te hablan al oído para confundirte, porque si a algo le temen las tinieblas es precisamente a la luz. No la escuches. 
  
Somos pues, conscientes de que la verdadera y única luz que puede alumbrar tu vida proviene de Jesucristo y solo depende de ti la decisión de recibirla, ya sabes que estas dotado de los elementos necesarios para ello.

“Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece a la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”, dice la Palabra.

martes, 1 de septiembre de 2015

QUE CADA CUAL, HAGA LO QUE LE DE LA GANA

Esta expresión “que cada cual haga lo que le de la gana” aparentemente inofensiva, pero sobre todo muy permisiva y liberal, es la respuesta que los jóvenes tienen siempre lista para aquellos que como yo, nos resistimos a aceptar los cambios sociales del mundo moderno. Durante mis clases como profesor universitario en los años recientes, escuché muchas veces a mis alumnos entre 18 y 21 años, defender con vehemencia los actos y comportamientos indebidos de terceras personas, solamente por sentirse importantes y sobresalir dentro de su núcleo de amigos.  Esta es una manifestación radiográfica de lo que buena parte de la juventud actual ve, cree y acepta sin ninguna restricción ni reparo.

Por fortuna, aún existe una pequeña minoría que por sus fundamentos cristianos, ha entendido que tales actitudes, no solo van en contra de una sana convivencia, sino también en contra de los mandatos del Creador.  Es obvio que toda la humanidad aplaude y agradece los descubrimientos científicos e inventos que ayudan a mejorar y facilitar la calidad de vida de las personas. Pero una cosa muy distinta es convivir en medio de una sociedad que perdió el norte, que navega en la corriente de un rio caudaloso que arrastra todo lo que encuentra a su paso, y por ende, lleva toda clase de fango e inmundicia en sus olas. Un rio, en el que curiosamente muchos quieren nadar; en especial la juventud actual, la cual pretende embarcarse solo por el hecho de que los demás flotan plácidamente en él. Y esa es razón suficiente para sentirse parte de dicha corriente, sin preguntarse ni siquiera cual es la ruta que lleva y donde desembocará. Yo le puedo asegurar que ese rio va camino al abismo, y paso a explicarle el porqué.
Todo lo que el hombre ve, percibe y conoce, ha sido creado por Dios para su disfrute y su goce. Así que no solo el reino mineral, animal y vegetal presentes en la naturaleza fueron obra del Creador, sino que también nos creó a usted y a mí, como lo mejor de su obra. Una creación diseñada  de manera perfecta por y  para El. Tienes que entenderlo. Desde la compleja estructura de algo tan pequeño como una célula, o algo mayor como un árbol, un animal, un océano,  el planeta tierra o incluso cualquiera de las galaxias, obedecen a un bosquejo plenamente elaborado por su fabricante. Ya sea que se trate del microcosmos o el macrocosmos, la mano del Creador está en ello.

Haciendo un paralelo con los fabricantes de los miles de artículos que hay en el mundo, debemos comprender que así como nos “fabricaron” también nos dieron instrucciones para funcionar. A diferencia de los objetos artificiales producidos en las fábricas, que vienen con un manual de funciones impreso, nosotros recibimos dichas instrucciones en el mismo momento de la creación. Instrucciones  basadas en mandatos simples y precisos, que por desgracia incumplimos y como consecuencia directa perdimos la relación de convivencia y amistad que teníamos con el dueño de la fábrica, que no es otro, que el dueño de la vida. En vista de esa falla humana, el fabricante decidió seriamente acabar con la producción de un solo tajo, pero se arrepintió e intentó más bien llamarnos severamente la atención con un diluvio. Así que a partir de Noé, su esposa y las esposas de sus tres hijos, la tierra se fue repoblando con el pasar del tiempo. 

Miles de años después, la maldad volvió a sembrarse en el corazón de la humanidad y entonces, el gerente general y propietario, decidió hacer un control de calidad y enviar a su hijo con instrucciones claras, ya no para acabar con la existencia del ser humano, sino para reconvenirlo a vivir en paz y armonía, enseñándonos a amar unos a otros. Sin embargo, en lugar de atender sus recomendaciones, lo ignoramos, vituperamos y ultrajamos hasta callarlo en una cruz. Aunque ya han pasado más de 2000 años de ese suceso, hoy la humanidad sigue creciendo en cantidad pero decayendo en calidad, cada vez más defectuosa. Y eso es lo que carga la corriente del rio al que hago referencia. Un caudal que siempre arrastra con más fuerza la inmundicia de un mundo corrupto, violento, codicioso, envidioso, vanidoso, egoísta, idolatra y por lo tanto, podrido.


El creador enviará nuevamente a su hijo a ver quiénes fueron verdaderamente “reparados” o mejor dicho redimidos; pero a diferencia de la anterior visita, ya no habrá tiempo, ni lugar, ni espacio para volver a recibir instrucciones, pues estas nos fueron manifestadas en su visita anterior.  El viene a recoger  los que funcionan bien, así de simple. 

domingo, 16 de agosto de 2015

ENTIENDE QUE ADEMAS DE CARNAL, ERES ESPIRITUAL

Puesto que algunos de mis amigos se sorprenden con mi transformación por haber logrado “enterrar el viejo hombre” y me demandan explicaciones de cómo lo hice, he decidido escribir estas líneas para darles una luz de esperanza e invitarlos a que también lo hagan, o al menos lo intenten. Para ello, y ahorrándoles muchas horas de estudio bíblico, deben saber y entender que sus vidas, como la de todos, se desarrolla en dos mundos o esferas paralelas: una material (lo físico) y otra espiritual (lo sobrenatural). Pero necesariamente para entender la vida espiritual y comprender la Palabra de Dios, todos los discernimientos deben hacerse con una mente espiritual (con la mente de Cristo) y no con la mente del hombre carnal. 
El apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios, Cap 2 versículo 14 es muy claro en esto: “
Pero el hombre natural no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura; y no las puede comprender, porque se han de discernir espiritualmente”
Cuando apelas al mundo material o carnal en busca de soluciones, respuestas o ayuda, y no lo consigues, empiezas a vislumbrar otra realidad en la percepción de la vida y compruebas que, de alguna manera, realmente te encuentras más solo de lo que pensabas, pues tus seres queridos, familiares o amigos no pueden hacer nada por aquello que te acongoja, aflige o inquieta. Y es aquí, de repente, como un baldado de agua helada, donde se te acaba ese espacio físico del mundo material, que en todo caso, además de finito, es muy pequeño.
El hombre natural tiene la convicción de que todo gira en torno a su ego; es arrogante y cree que todo lo puede. Considera que sus éxitos, logros o conquistas son obra suya y que no necesita de nada ni de nadie para triunfar o vivir. Nunca, o muy pocas veces, acude a Dios para que lo sustente o lo ayude. Pero cuando entiende que estaba equivocado y solo el Supremo lo pudo sacar del pozo donde se encontraba, decide doblegar su orgullo y abrir su corazón, entonces comienza a descubrir el camino al mundo espiritual. Llegar allí, debe ser la meta de la humanidad entera, es el único y verdadero propósito de nuestra existencia en la tierra. Todo lo material es efímero y no permanece, mientras que lo espiritual es eterno.
No significa que debamos aislarnos del mundo material y convertirnos en seres netamente espirituales. Todo lo contrario, es aquí en el plano físico en donde tenemos la oportunidad de trabajar nuestras debilidades y fortalecer la convivencia y el amor por el prójimo, lo que nos lleva directamente a convertirnos en mejores hijos, padres, esposos, hermanos o amigos y avanzar con paso firme hacia la esfera espiritual, para mantener viva la esperanza de reencontrarnos con el Padre. De hecho, habrá muchas batallas que librar mientras estemos en la tierra, pues es en las pruebas, donde más nos fortalecemos espiritualmente.
Así que amigo mío, lo primero que debes hacer es cambiar los viejos paradigmas que te atan a la vida carnal y abrir una ventana a la esfera espiritual. Si realmente quieres transformar tu vida, debes empezar por conocer los deseos y ordenanzas de tu Creador, encontrar tu verdadero propósito en la vida y vivir conforme a la Palabra de Dios.

viernes, 31 de julio de 2015

PARA LOS QUE CREEN VIVIR EN LIBERTAD

Suele suceder que cuando se vive en medio de una mentira generalizada, esta se torna en algo tan real, que pasa a considerarse, no sólo aceptada, sino también correcta. Por ello en este mundo convulsionado e hipócrita, resulta tan difícil comprender cuál es la verdad que tenemos que encontrar.  La verdad, es como  una espada filosa y cortante, que cuando se esgrime, corta y separa lo que es verdad de lo que no lo es. Lo cual, determina si un individuo vive en verdad o en falsedad. Es imposible mezclarlos, o se vive en verdad o se vive en falsedad.
“¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?”
Santiago (3,11).

Este mundo dominado por el adversario, cuya mayor fortaleza es la maldad, sienta sus bases sobre la mentira, razón por la cual, contradecir comportamientos y actitudes socialmente comunes y aceptados, resulta muy difícil para muchos,   pues justo cuando se desenfunda la espada de la verdad (la Palabra), el grupo que vive en falsedad, y que por desgracia es mayoritario, se altera, protesta, ataca y señala al portador de la verdad como un fanático salido del contexto socialmente válido. Para estas mayorías, lo más fácil es aceptar una verdad a medias o no aceptarla; en ambos casos, se cae en el error de no entender que solo hay dos opciones: Verdad o Falsedad, y que las dos condiciones son absolutamente excluyentes.

Si deseas vivir en el mundo carnal, debes tener claro que allí, la sensación de libertad es un espejismo, pues la realidad es que vivirás ligado a sentimientos de envidia, odio, mentira, engaño, orgullo, egoísmo o vanidad, e incluso puedes ser dominado por hábitos dañinos como el licor, las drogas, el sexo, etc., y en general, puedes apegarte a todo lo que materialmente te de poder y dominio sobre los demás, como el dinero y la fama. Todas aquellas cosas te van a esclavizar.
Si te decides por la vía correcta, el mundo de la verdad, debes entender que va a ser un recorrido lleno de obstáculos y probablemente te sentirás solo en muchas ocasiones, pero esa soledad es compensada con la presencia de Dios en tu vida. Muchos dicen que vivir para Dios también es una forma de esclavitud, pero la diferencia radica en que el diablo nos esclaviza para propagar la maldad y el egoísmo, mientras el Señor nos invita a servir al prójimo y a amarle.

Creer que vivimos en libertad sin conocer la verdad, implica que podemos estar andando terca y neciamente bajo el yugo del adversario,  y consecuentemente esclavos  de la mentira y del pecado. Mientras no busques la verdad, nunca podrás andar en libertad. La verdad la hallarás en la medida que conozcas a tu Dios en la Biblia, no hay otra fuente fidedigna. Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él:

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. (San Juan 8:31-32)

La verdad que nos presenta la Palabra es que somos hijos de Dios, creados por y para El, que su hijo Jesús vino a nuestro rescate para que podamos volver al Padre con un corazón limpio y transformado a fin de volver a gozar de su presencia.



domingo, 19 de julio de 2015

LA RIQUEZA QUE BUSCAMOS

La verdadera riqueza la encontraremos cuando entendamos cual es el nuestro propósito en esta vida, a que vinimos, ¿por qué? Y ¿para qué? estamos aquí. Si podemos romper el marco de nuestra mente y salimos del mundo físico al plano sobrenatural a través del espíritu, seguramente lo podremos comprender, de lo contrario probablemente nunca trasciendas. Insisto en que el punto de partida para resolver esta encrucijada es poder advertir que el mundo no es solamente esta porción material, plana, física y tangible donde nos movemos. Aceptar un mundo espiritual, un universo perfecto, diseñado por un creador que nos ama y se deleita con su mejor creación (el hombre), te ayudará a entender cuál es el verdadero propósito en tu vida.

Para mejor comprensión, comparto algunos apartes de Rick Warren, al respecto: “El propósito de tu vida excede en mucho a tus propios logros, a tu tranquilidad o incluso tu felicidad. Si deseas saber por qué te pusieron en este planeta, debes empezar con Dios. Naciste por su voluntad y para su propósito. La búsqueda del propósito de vivir ha intrigado a la gente por miles de años. Eso ocurre porque solemos empezar con el punto de partida errado: nosotros mismos. Nos hacemos preguntas egoístas como: ¿Qué quiero ser?, ¿Qué debo hacer con mi vida, ¿Cuáles son mis metas, mis sueños con el futuro? Enfocarnos en nosotros mismos nunca podrá revelarnos el propósito de nuestra vida. La Biblia dice: “En su mano está la vida de todo ser viviente”.

Contrario a lo que te dictan muchos libros conocidos, películas y seminarios, no encontrarás el sentido de tu vida buscando en tu interior. Es muy probable que ya lo hayas intentado. No te creaste a ti mismo, por lo tanto no hay manera que puedas decirte para que fuiste creado. Si yo te entregara un invento que nunca has visto, no sabrías para que sirve ni tampoco el ingenio te lo podría decir. Solo el inventor o el manual de instrucciones, podría revelarte el propósito de dicho invento.
Dios es tu punto de partida, tu creador. Existes tan solo porque él desea que existas. Fuiste creado por Dios y para Dios, y hasta que lo entiendas, tu vida no tendrá ningún sentido. Solo en El, encontramos nuestro origen, nuestra identidad, nuestro sentido, nuestro propósito, nuestro significado y nuestro destino. Cualquier otra ruta termina en un callejón sin salida”

Si comprendes lo anterior, entonces entenderás que la vida consiste en permitir que Él, te use para sus propósitos y no que tú lo uses a Él para los tuyos. La riqueza que buscamos afanosamente en el mundo, no corresponde a este plano material. Todo lo que aquí consigas algún día desaparecerá y se acabará, al igual que tú existencia física. Nada de lo que hayas conseguido lo llevarás contigo. Pero hay algo que si continua, el espíritu con el que Dios te creó. El cual si trasciende. Es decir, pasa a la esfera de lo eterno. Por eso, si buscas verdaderas  riquezas, constrúyelas aquí en la tierra amando a tu prójimo y caminando en obediencia. Serán tu tesoro en el cielo.


viernes, 30 de enero de 2015

PONTE “On” Y RECARGATE DE PODER

Por: Alfonso Botero Guzmán

Debido a la inteligencia y el raciocinio con el que fuimos creados, gozamos del privilegio de inventar, innovar y crear miles de artilugios que nos facilitan la vida, lo cual está muy bien ya que nos beneficia. Muy seguramente, a diferencia del resto de las criaturas terrenales, cuando el Señor decidió crearnos, nos dio tales atributos, pues al fin y al cabo fuimos hechos a su imagen y semejanza. Lo que no está bien, es que el hombre desconozca ese poder supremo que también nos fue otorgado desde un principio, y no utilice su capacidad intelectual y de razonamiento, para comprender de donde proviene la fuente que nos hace tan diferentes y únicos en este planeta.

El día que logremos entender que siempre ha habido una fuerte conexión entre lo divino y lo humano, que para desgracia nuestra se interrumpió miles de años atrás, podremos aspirar a volver a reconectarnos. El mundo perdió el rumbo y desvió su camino. Las expectativas de la mayoría de las personas son individualistas y por lo tanto, egoístas. En el plan original del Creador, esa nunca fue la intención, pues su propósito para con nosotros es que fuésemos sus siervos, lo que implica entre otras cosas, amarnos unos a otros. Es claro que por causa nuestra e influenciados por fuerzas y potestades de maldad, ese amor se perdió y difícilmente se recuperará, a menos que logremos reconectarnos a la fuente de luz, de donde emana la paz, el amor y la armonía, para una perfecta convivencia. A eso envió el Padre a su unigénito, para que actuase como un fusible para restaurar ese corto circuito entre Él y nosotros.

Existe una delgada línea que separa nuestra vida carnal de la espiritual; no obstante, no hemos sido capaces de traspasarla, precisamente por terquedad y necedad como lo dijo el mismo Jesús. Conocer a Dios implica dar un brinco hacia lo espiritual; para lo cual, al igual que cualquier salto de atleta, implica compromiso y preparación para dejar atrás el espacio avanzado. Salto que nos lo da la fe (creer), pues sin esta, no es posible buscar la presencia de Dios en nuestras vidas. Gozar de su presencia hará que sintamos toda su energía fluyendo a través nuestro. Es el resultado de volvernos a conectar a la fuente de todo poder y gloria.
Piense en algo similar a la energía eléctrica de su hogar cuando en la noche falla; usted queda absoluta y completamente a oscuras, nada funciona y todo se vuelve un caos. Cuando regresa y se conecta nuevamente, todo vuelve a iluminarse y a ser funcional. Sé que la comparación resulta un tanto desproporcionada, pero estoy seguro que es lo suficientemente clara para invitarle a que busque la manera de reconectarse a la fuente de poder que le dio la vida.

Al igual que el fusible o interruptor de su casa, debemos ponernos “On” con el Señor para que nuestra vida brille y podamos recibir todo su poder (paciencia, tolerancia, amor, paz, alegría, gozo, templanza, mansedumbre, etc.), y con esa energía transformar nuestra propia vida y la de los demás. Te aseguro que vas a ser mejor persona, mejor padre, madre, hijo(a), hermano(a), esposo(a), empleado(a), etc.
Estar apagado equivale a andar en “Off”, que es igual a vivir en oscuridad, bajo el dominio de la tinieblas y alejados de Dios. De ese modo jamás brillaras con luz propia y mucho menos darás luz a la vida de los que te rodean.


jueves, 15 de enero de 2015

A MI ME GOBIERNA DIOS

Por: Alfonso Botero Guzmán

No creo que haya un solo habitante del planeta tierra, que no desee tener una vida alegre, tranquila, feliz y sobre todo justa. Justicia es lo que más pedimos y por lo que más abogamos día y noche. Basta con leer unas pocas páginas de un libro de historia universal, ver una película o un documental, para darnos cuenta que no solo en esta época, sino a lo largo del tiempo, bien sea por motivaciones de conquista, sed de poder o afanes de enriquecimiento, han sido millones las muertes causadas por guerras, violaciones o crímenes a lo largo de la existencia de la humanidad. ¿Hasta cuándo deberemos vivir con esto?

Soñamos con tener una nación que nos acoja, nos proteja y nos brinde principios éticos y valores morales para convivir respetuosamente. Un país como lo soñó y describió el escritor  inglés, en su libro “Utopía”: Un país ideal y perfecto para nacer, crecer, estudiar, trabajar y convivir armoniosa y pacíficamente.  El término utopía se debe a Tomás Moro, quien bautizó con este nombre una isla idílica, perdida en medio del océano, cuyos habitantes habían logrado el Estado perfecto. Pero este tan anhelado país imaginario, lamentablemente nunca existió y nunca existirá sobre la faz de la tierra; solo cabe en la imaginación del hombre que pueda llegar a vivir en una república semejante.
La triste realidad es que ni ha habido, ni hay, ni habrá en el mundo un modelo de gobierno que brinde a sus ciudadanos la oportunidad de vivir en algo parecido a Utopía.

Podemos hablar de muchas formas de gobierno, así por ejemplo tenemos monarquías, dictaduras, capitalismo, socialismo y democracias. Sin embargo, quedó plenamente  demostrado a lo largo de la historia, que ningún sistema religioso, político o social, ha sido capaz de establecer una convivencia social sana, igualitaria, respetuosa y justa, donde los bienes que se produzcan se redistribuyan equitativamente entre sus habitantes,  y donde manifestaciones de egoísmo, envidia, codicia, violencia o corrupción, pasen a ser solo palabras antiguas referenciadas en los diccionarios.

Frecuentemente pienso en plantear estrategias, formulas o mecanismos sobre cómo poder cambiar para bien la vida de las personas en todo el mundo, y siempre llego a la misma conclusión. Sólo un gobierno establecido por Dios, que por derecho propio es el ordenador del universo y por ende, el dueño de su creación principal (el hombre), puede dirigirnos de una forma única y especial. Si pudiésemos probarlo, les aseguro que no necesitaríamos una constitución nacional, ni mucho menos miles de leyes impresas en códigos penales, civiles, laborales, de familia, etc., que como sabemos, también son aplicados injustamente (relativos). Por extensión, tampoco necesitaríamos de abogados, jueces y cárceles, pues no cabría en nuestra mente ninguna forma de hacer el mal.


El único capaz de gobernar con justicia y equidad es el Rey de reyes, aquel que todos necesitamos sin distinción de género, raza o sexo. Si le permitimos morar en el corazón de cada uno de nosotros, nos transformará como individuos, para luego cambiar nuestra familia y finalmente la sociedad entera. Si estás de acuerdo conmigo, sólo déjalo que dirija tu vida. Cuando yo cambie, tú cambies y los demás cambien, podremos moldear un mundo más perfecto, en el que quepamos todos y podamos vivir felices en una sociedad que se respeta y se ayuda. No olvides que mientras no tengamos temor reverencial a Dios, jamás podremos desarrollar genuinos vínculos de honestidad entre nosotros.